jueves, abril 05, 2007

I
Pero los brazos no te alcanzan
para atrapar mis ojos
cayendo también con tus ojos.

Esta noche recuerdo tu muerte,
la caída que quebró tus huesos.


II
Descuélgate soledad mía de mi cuerpo
desgárrate de golpes en tu lecho
ignora mi piel reseca.
Soledad lejos te acompaño
a escupir tu rostro y tu espalda,
a enjuagar mi boca en tu distancia.

Descuélgate soledad mía de mi cuerpo
que aquí somos muchos para aún morirnos.


III
Desde lo alto
una pequeña muerte
entierra en mi mirada
sus cuencas vacías.
Veo florecer los ataúdes
al borde del camino
y se escucha el lamento todavía
de los muertos
al ver la lluvia dibujando
en los cristales su inocencia.

Veo desde aquí el camino.

Camino entre las hilachas de los muertos
y descubro el mar que me saluda
golpeando con su arena
mi carne salada por la ausencia.

miércoles, abril 04, 2007


La muerte es, sencillamente, una cuestión de probabilidades.
¿Cómo podemos saber lo que va a pasar mañana, o dentro de un año, o lo que va a pasar en los próximos minutos? Imposible saberlo. A lo largo de la historia el ser humano ha estado obsesionado con el futuro, y siempre vemos un futuro finito. Al final del camino hay algo, que es la muerte. Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que nos espera a todos la muerte? La muerte es, sencillamente, una cuestión de probabilidades. Ya que desconocemos nuestro futuro, desconocemos nuestra muerte.
Si consideramos a todos los seres humanos que alguna vez han nacido, incluyéndonos a nosotros mismos, nos daremos cuenta de que un gran porcentaje de personas ya han muerto, pero no todos, porque nosotros, en este momento, estamos vivos, por lo tanto es imposible afirmar que el 100% de las personas que nacen, finalmente se mueren, ya que nosotros, que nacimos, aún no hemos muerto, y no podemos conocer el futuro. ¿Y si nuestro futuro no es finito como creemos? ¿y si algunos de nosotros fuéramos inmortales?
Por todo esto, la muerte es, insistimos, sencillamente, una cuestión de probabilidades.